El sueño a lo largo de la vida: comprender las necesidades de sueño desde los recién nacidos hasta las personas mayores

1 de mayo de 2026 | Lectura en 6 minutos

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El sueño cambia a lo largo de la vida, y comprender esos cambios puede marcar la diferencia entre preocuparse por el sueño y trabajar con el cuerpo en lugar de contra él.

Desde el sueño fragmentado de los recién nacidos hasta los relojes biológicos cambiantes de los adolescentes, las presiones de la vida adulta, los cambios hormonales durante la menopausia y el sueño más ligero en la vejez, el sueño nunca es estático. 

Esta guía explora cómo evolucionan las necesidades de sueño desde la infancia hasta la vejez, qué se considera normal en cada etapa y cuándo las dificultades para dormir pueden indicar la necesidad de ayuda. Al comprender la ciencia que hay detrás del sueño a lo largo de la vida, puedes establecer expectativas realistas, reducir la frustración y adoptar estrategias que favorezcan un sueño más saludable y reparador a cualquier edad.

El sueño no es igual para todos. Al igual que nuestro cuerpo y nuestra mente evolucionan a lo largo de las diferentes etapas de la vida, también lo hacen nuestras necesidades y patrones de sueño. El cerebro de un adolescente funciona con un reloj biológico diferente al de un niño, mientras que los cambios hormonales durante la menopausia pueden convertir a alguien que siempre ha dormido bien en alguien que tiene dificultades para conciliar el sueño cada noche. 

El sueño está regulado por dos sistemas principales: el ritmo circadiano (el reloj biológico interno) y la homeostasis del sueño (la necesidad de dormir del cuerpo en función del tiempo que llevas despierto). Ambos sistemas cambian a medida que envejecemos. 

La estructura y el patrón de los ciclos del sueño— a lo largo de la vida: 

  • El sueño profundo (sueño de ondas lentas) disminuye con la edad, con una caída significativa tras la adolescencia 
  • Los patrones del sueño REM cambian, y su momento de aparición y duración varían a lo largo de las etapas de la vida 
  • La eficiencia del sueño (tiempo dormido frente a tiempo en la cama) suele disminuir en las personas mayores 
  • Los ritmos circadianos cambian durante la adolescencia y de nuevo en la vejez 

Estos cambios son procesos biológicos normales, no necesariamente signos de trastornos del sueño. Comprenderlos ayuda a establecer expectativas realistas y a desarrollar estrategias de sueño adecuadas para cada etapa de la vida.

Duración recomendada del sueño: 

Recién nacidos (0-3 meses): 14-17 horas cada 24 horas (en períodos cortos de sueño) 

Bebés (4-12 meses): 12-16 horas cada 24 horas, incluyendo siestas 

Niños pequeños (1-2 años): 11-14 horas cada 24 horas 

El sueño durante los dos primeros años de vida está determinado principalmente por las necesidades de alimentación y el desarrollo neurológico, más que por horarios fijos. Los recién nacidos aún no tienen un ritmo circadiano maduro, lo que significa que el sueño diurno y nocturno no están claramente diferenciados. Los despertares nocturnos frecuentes son biológicamente normales y esperados durante esta etapa. 

A medida que el cerebro se desarrolla, el sueño se consolida gradualmente, especialmente entre los 3 y los 6 meses de edad. Los periodos de sueño interrumpido —a menudo denominados «regresiones del sueño»— suelen producirse junto con hitos del desarrollo como darse la vuelta, gatear o caminar. 

Para los padres y cuidadores, el objetivo durante la primera infancia no es un sueño perfecto, sino un cuidado seguro y atento y el establecimiento gradual de rutinas. Si surgen agotamiento, ansiedad o preocupaciones sobre la alimentación y el crecimiento, el apoyo profesional puede ayudar a guiar esta etapa. 

Duración recomendada del sueño: 

De 3 a 5 años: 10-13 horas cada 24 horas (incluidas las siestas) 

De 6 a 12 años: 9-12 horas por noche 

Por qué los niños necesitan dormir más 

El cerebro y el cuerpo de los niños se encuentran en una fase de rápido desarrollo. Durante el sueño, se libera la hormona del crecimiento, se consolidan los recuerdos y se fortalecen las conexiones neuronales. La falta de sueño en la infancia está relacionada con: 

Problemas de comportamiento y dificultades para regular las emociones 

Un rendimiento académico reducido 

Mayor riesgo de obesidad 

Un sistema inmunitario debilitado 

Problemas de atención y concentración 

Problemas comunes del sueño en la infancia 

Resistencia a la hora de acostarse: muchos niños se resisten a dormir, especialmente cuando se están divirtiendo o se sienten ansiosos por la separación. 

Despertares nocturnos: incluso los niños en edad escolar pueden despertarse durante la noche, aunque esto suele disminuir con la edad. 

Pesadillas y terrores nocturnos: son comunes y, por lo general, no son motivo de preocupación a menos que sean frecuentes o muy perturbadores. 

Cómo fomentar un sueño saludable en los niños 

La constancia es clave: a los niños les va bien la rutina. Un horario regular para acostarse y levantarse —incluso los fines de semana— ayuda a regular su reloj interno. 

Crea una rutina para relajarse: una rutina relajante de 30 a 60 minutos antes de acostarse indica que se acerca la hora de dormir. Esto puede incluir un baño, leer o una conversación tranquila. 

Optimice el entorno para dormir: mantenga el dormitorio fresco (entre 18 y 20 °C), oscuro y tranquilo. Una pequeña luz nocturna está bien si su hijo se siente más seguro con ella. 

Limite el tiempo frente a las pantallas: la luz azul de los dispositivos inhibe la producción de melatonina. Intente apagar las pantallas al menos una hora antes de acostarse. 

Controle el consumo de cafeína: incluso pequeñas cantidades de cafeína procedentes del chocolate o los refrescos pueden afectar al sueño de los niños. 

Duración recomendada del sueño: 8-10 horas por noche 

El retraso de la fase del sueño en los adolescentes 

Hay algo que muchos padres no se dan cuenta: los adolescentes no se quedan despiertos hasta tarde solo por portarse mal. Durante la pubertad, el ritmo circadiano se retrasa de forma natural, un fenómeno denominado «retraso de la fase del sueño». Las investigaciones muestran que la melatonina (la hormona del sueño) se libera unas dos horas más tarde en los adolescentes en comparación con los niños y los adultos. Esto significa que los adolescentes se sienten naturalmente más despiertos por la noche y quieren dormir más por la mañana. 

La crisis del sueño en los adolescentes 

A pesar de necesitar entre 8 y 10 horas de sueño, la mayoría de los adolescentes duermen mucho menos: solo el 15 % de los adolescentes afirma dormir 8,5 horas las noches de colegio. Esta privación crónica del sueño tiene graves consecuencias: 

Repercusiones académicas: los adolescentes con falta de sueño muestran una disminución de la atención, la memoria y la capacidad para resolver problemas 

Salud mental: la falta de sueño aumenta el riesgo de depresión, ansiedad y pensamientos suicidas 

Salud física: se relaciona con la obesidad, el debilitamiento del sistema inmunitario y un mayor riesgo de lesiones 

Comportamientos de riesgo: los adolescentes cansados son más propensos a participar en actividades peligrosas, como conducir con sueño 

Por qué a los adolescentes les cuesta dormir lo suficiente 

Horarios escolares tempranos: Muchas escuelas comienzan antes de las 8:00 a. m., lo que obliga a los adolescentes a despertarse cuando sus cuerpos Horarios escolares tempranos: todavía están programados para dormir. 

Presión académica: Los deberes, el estudio y las actividades extraescolares a menudo se prolongan hasta bien entrada la noche. 

Participación social y digital: Las redes sociales, los videojuegos y los mensajes de texto con amigos compiten con el tiempo de sueño. 

Trabajos a tiempo parcial: muchos adolescentes trabajan en turnos de noche, lo que reduce aún más las oportunidades de dormir. 

Ayudar a los adolescentes a dormir mejor 

Reconozca la realidad biológica: comprender que las noches largas se deben en parte a factores biológicos puede reducir los conflictos familiares a la hora de acostarse. 

Priorizar el sueño frente a las actividades: Ayude a los adolescentes a evaluar sus compromisos y a eliminar aquellos que les impiden dormir lo suficiente de forma habitual. 

Establecer un toque de queda tecnológico: Fijar una hora en la que todos los dispositivos se coloquen en una estación de carga fuera del dormitorio. 

Siestas estratégicas: una siesta corta (20-30 minutos) después del colegio puede ayudar, pero las siestas más largas o más tardías pueden interferir con el sueño nocturno. 

Recuperación durante el fin de semana (con límites): Dormir hasta tarde los fines de semana puede ayudar a reducir el déficit de sueño, pero intenta que la hora de levantarse no difiera en más de 2 horas de los horarios de los días laborables para evitar alterar el ritmo circadiano. 

Exposición a la luz brillante: La luz solar de la mañana ayuda a reajustar el reloj circadiano. Anime a los adolescentes a salir al aire libre a primera hora del día. 

Duración recomendada del sueño: 7-9 horas por noche

Durante la edad adulta, las necesidades de sueño se mantienen relativamente estables, pero la capacidad para proteger el sueño a menudo disminuye. Las exigencias laborales, las responsabilidades de cuidado, el estrés, los viajes, el uso de pantallas y los horarios irregulares suelen interferir con un sueño constante y reparador. 

A diferencia de la infancia o la adolescencia, las dificultades para dormir en la edad adulta tienen menos que ver con cambios biológicos y más con la presión del estilo de vida. La restricción crónica del sueño se normaliza, a pesar de que la falta de sueño está relacionada con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, trastornos metabólicos, debilitamiento del sistema inmunitario y problemas de salud mental. 

Los adultos pueden tener dificultades para conciliar el sueño debido a pensamientos acelerados, despertares nocturnos frecuentes o despertares tempranos por la mañana provocados por el estrés. Con el tiempo, estos patrones pueden convertirse en insomnio crónico si no se abordan. 

Los pequeños cambios constantes —como proteger el tiempo de sueño, gestionar el estrés y mantener horarios de sueño regulares— suelen ser más eficaces que intentar compensarlo con el sueño de recuperación del fin de semana. 

Menopausia y sueño: cómo afrontar los cambios hormonales 

Hasta el 60 % de las mujeres experimentan trastornos del sueño durante la transición a la menopausia. Los cambios hormonales —en particular, la disminución de estrógenos y progesterona— afectan al sueño de múltiples maneras: 

Sofocos y sudores nocturnos: Estos síntomas vasomotores pueden despertarte varias veces por noche, empapando las sábanas e interrumpiendo los ciclos del sueño. 

Cambios de humor: El aumento de la ansiedad y la depresión durante la menopausia puede dificultar conciliar el sueño y permanecer dormida. 

Trastornos respiratorios del sueño: El riesgo de apnea del sueño aumenta tras la menopausia, en parte debido a los cambios hormonales y en parte a factores relacionados con la edad. 

Cambios en el ritmo circadiano: algunas mujeres experimentan cambios en sus horarios de sueño y vigilia durante la menopausia. 

Mayor fragmentación del sueño: incluso sin despertares evidentes, el sueño se vuelve más ligero y menos reparador. 

La relación entre el sueño y la menopausia 

El mal sueño durante la menopausia no se debe solo a los sofocos. Los cambios hormonales afectan directamente a las regiones del cerebro que regulan el sueño, independientemente de los síntomas vasomotores. 

Influencias del estrógeno: 

Regulación de la temperatura 

El sueño REM 

La serotonina y otros neurotransmisores implicados en el sueño 

El ciclo sueño-vigilia 

La progesterona tiene propiedades sedantes, por lo que la disminución de sus niveles puede hacer que el sueño sea más difícil de alcanzar. 

Cómo gestionar el sueño durante la menopausia 

Control de la temperatura: Mantén tu dormitorio fresco (16-18 °C). Utiliza ropa de cama y de dormir transpirable y que absorba la humedad. Coloca las mantas en capas para poder ajustarlas fácilmente. 

El momento es importante: Evite los factores desencadenantes de los sofocos antes de acostarse, como las comidas picantes, el alcohol, la cafeína y las bebidas calientes. 

Control del estrés: prácticas como la meditación, el yoga o la respiración profunda pueden reducir tanto el estrés como la frecuencia de los sofocos. 

Ejercicio regular: la actividad física mejora la calidad del sueño y puede reducir los síntomas de la menopausia, pero evite el ejercicio intenso en las 3 horas previas a acostarse. 

Considere sus opciones: hable con su proveedor de atención médica sobre los enfoques que podrían ayudarle, incluyendo la terapia hormonal, los medicamentos no hormonales o la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I). 

Aborde los trastornos del sueño: Si ronca, jadea durante el sueño o se siente excesivamente cansada a pesar de dormir lo suficiente, consulte con su médico la posibilidad de hacerse una prueba de detección de apnea del sueño. El tratamiento de la apnea del sueño está cubierto por muchos de nuestros planes para pacientes ambulatorios. 

Duración recomendada del sueño: 7-8 horas por noche 

Existe la idea errónea de que las personas mayores necesitan dormir menos. Esto no es cierto: las necesidades de sueño se mantienen relativamente estables a lo largo de la edad adulta. Lo que cambia es la capacidad de conseguir un sueño continuo y de alta calidad. 

Cambios en la arquitectura del sueño: 

Menos sueño profundo (fases 3 y 4) 

Más tiempo en las fases de sueño más ligero 

Despertares más frecuentes 

Horarios de sueño y despertar más tempranos (fase del sueño adelantada) 

Aumento de los trastornos del sueño: 

La apnea del sueño se vuelve más común 

El síndrome de piernas inquietas afecta hasta al 35 % de los adultos mayores 

Puede aparecer el trastorno del comportamiento del sueño REM 

Aumentan las tasas de insomnio 

Por qué cambia el sueño en las personas mayores 

Factores biológicos: 

Reducción de la producción de melatonina 

Cambios en la regulación del ritmo circadiano 

Menor exposición a la luz brillante (especialmente en personas con movilidad reducida) 

Cambios relacionados con la edad en los centros del sueño del cerebro 

Problemas de salud: 

Dolor crónico por artritis u otras afecciones 

Enfermedades cardiovasculares 

Problemas respiratorios 

Afecciones neurológicas 

Micción frecuente (nocturia) 

Medicamentos: Muchos de los medicamentos que se recetan habitualmente a las personas mayores pueden interferir en el sueño. 

Factores relacionados con el estilo de vida: 

Reducción de la actividad física 

Siestas durante el día 

Horarios diarios menos estructurados tras la jubilación 

Aislamiento social 

Las consecuencias de la falta de sueño en las personas mayores 

Los problemas de sueño en las personas mayores no solo son molestos, sino que tienen consecuencias reales para la salud: 

Deterioro cognitivo: la falta de sueño se asocia con un mayor riesgo de demencia y un deterioro cognitivo más rápido 

Caídas y lesiones: la falta de sueño afecta al equilibrio y al tiempo de reacción 

Salud cardiovascular: los trastornos del sueño aumentan el riesgo de enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares 

Salud mental: los problemas de sueño contribuyen a la depresión y la ansiedad 

Calidad de vida: los problemas crónicos de sueño reducen el bienestar general y la autonomía 

Mejorar el sueño en la tercera edad 

Mantener una rutina: Acostarse y levantarse a horas regulares ayuda a estabilizar el ritmo circadiano, incluso sin obligaciones laborales. 

Aprovecha la luz de la mañana: la exposición a la luz brillante a primera hora del día ayuda a mantener la fuerza del ritmo circadiano. Intenta pasar al menos 30 minutos al aire libre. 

Manténgase activo: la actividad física regular mejora la calidad del sueño. Incluso actividades suaves como caminar o practicar tai chi pueden ayudar. 

Siestas inteligentes: si duerme la siesta, que sea breve (20-30 minutos) y antes de las 3 de la tarde para evitar que interfiera con el sueño nocturno. 

Revise los medicamentos: Pregunte a su médico o farmacéutico si alguno de sus medicamentos podría estar afectando a su sueño y si ajustar la hora de tomarlos podría ayudar. 

Trate el dolor: colabore con su profesional sanitario para controlar el dolor crónico que interfiere con el sueño. 

Limita la ingesta de líquidos antes de acostarte: reduce las visitas al baño por la noche limitando las bebidas en las 2-3 horas previas al sueño. 

Crea un entorno cómodo para dormir: Asegúrate de que tu colchón y tus almohadas te proporcionen un apoyo adecuado. Mantén la habitación a una temperatura agradable. 

Manténgase socialmente activo: Las relaciones sociales y las actividades con sentido durante el día favorecen un mejor sueño por la noche. 

Problemas comunes del sueño en todas las edades 

Aunque cada etapa de la vida tiene características de sueño únicas, algunos problemas se dan en todas las edades: 

Insomnio 

La dificultad para conciliar el sueño, para permanecer dormido o para despertarse demasiado pronto afecta a personas de todas las edades. El insomnio crónico (que dura más de 3 meses) requiere atención profesional. 

Apnea del sueño 

Esta afección, en la que la respiración se detiene repetidamente durante el sueño, puede aparecer a cualquier edad, pero se vuelve más frecuente con la edad y el aumento de peso. Los síntomas incluyen ronquidos fuertes, jadeos durante el sueño y somnolencia diurna excesiva. El tratamiento está incluido en muchos de nuestros planes ambulatorios. 

Trastornos del ritmo circadiano 

La desincronización entre el reloj interno y el horario externo puede deberse al trabajo por turnos, al jet lag o a factores biológicos. 

Estrés y ansiedad 

Los factores psicológicos afectan al sueño a lo largo de toda la vida, aunque las fuentes de estrés varían desde las preocupaciones escolares hasta la presión laboral o los problemas de salud. 

Factores ambientales 

El ruido, la luz, la temperatura y los problemas de comodidad pueden alterar el sueño a cualquier edad. 

Estos principios se aplican en todas las etapas de la vida, aunque su aplicación puede variar: 

1. Mantén horarios regulares de sueño y vigilia 

Tu cuerpo se beneficia de la previsibilidad. Acostarte y levantarte a la misma hora todos los días, incluidos los fines de semana, refuerza tu ritmo circadiano. Las investigaciones demuestran que esta constancia es una de las herramientas más poderosas para dormir bien. 

2. Crea un entorno óptimo para dormir 

Tu dormitorio debe estar: 

Fresco: entre 16 y 19 °C para la mayoría de las personas 

Oscuro: utiliza cortinas opacas o un antifaz si es necesario 

Silencioso: considera la posibilidad de utilizar máquinas de ruido blanco si no puedes controlar los sonidos del entorno 

Cómodo: invierte en un colchón y almohadas que te proporcionen un buen soporte 

3. Establece una rutina antes de dormir 

Una rutina constante para relajarse le indica a tu cerebro que se acerca la hora de dormir. Esto podría incluir: 

Leer (libros físicos, no pantallas) 

Hacer estiramientos suaves o ejercicios de relajación 

Darse un baño caliente (el enfriamiento posterior ayuda a conciliar el sueño) 

Escuchar música relajante 

Meditación o ejercicios de respiración 

4. Controla la exposición a la luz 

La luz es el regulador más potente de tu ritmo circadiano: 

Expóngase a la luz brillante a primera hora del día 

Baja la intensidad de las luces por la noche 

Evita las pantallas durante 1-2 horas antes de acostarte, o utiliza filtros de luz azul 

Mantén tu dormitorio a oscuras por la noche 

5. Presta atención a lo que comes y cuándo lo haces: 

Cafeína: evítela en las 6 horas previas a acostarse (tiene una vida media de 5-6 horas) 

Alcohol: aunque puede ayudarte a conciliar el sueño, altera la calidad del sueño y provoca despertares 

Comidas copiosas: termina de comer entre 2 y 3 horas antes de acostarte 

Líquidos: Redúcelos por la tarde para evitar tener que ir al baño por la noche 

6. Haz ejercicio con regularidad (pero elige bien el momento) 

La actividad física regular mejora la calidad y la duración del sueño. Sin embargo, el ejercicio intenso demasiado cerca de la hora de acostarse puede resultar estimulante. Intente terminar los entrenamientos intensos al menos 3 horas antes de dormir. 

7. Controla el estrés y la ansiedad 

Si los pensamientos acelerados te mantienen despierto: 

Lleve un diario para «descargar» las preocupaciones antes de acostarse 

Practica técnicas de relajación 

Prueba la técnica del «tiempo para preocuparse»: reserva 15 minutos a primera hora del día para abordar tus preocupaciones 

Considera la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-I) si la ansiedad por dormir persiste 

8. Usa la cama solo para dormir 

Evita trabajar, ver la televisión o navegar por el móvil en la cama. Esto refuerza la asociación mental entre la cama y el sueño. 

9. Si no puedes dormir, levántate 

Si llevas más de 20 minutos despierto, levántate y realiza una actividad tranquila y no estimulante con la luz tenue hasta que te entre sueño. Esto evita que tu cerebro asocie la cama con el estado de vigilia. 

10. Sea paciente con los cambios 

Las mejoras en el sueño llevan tiempo. Prueba las nuevas estrategias durante al menos 2-3 semanas antes de evaluar su eficacia. 

En parte, sí. Dormir más los fines de semana puede ayudar a reducir la «deuda de sueño» acumulada durante la semana. Sin embargo, esta no es una solución perfecta. Las grandes variaciones en los horarios de sueño pueden alterar tu ritmo circadiano, lo que provoca un «jet lag social». Si necesitas recuperar el sueño de forma habitual, es una señal de que no estás durmiendo lo suficiente durante la semana. El mejor enfoque es dar prioridad a un sueño adecuado cada noche. 

Allianz ofrece servicios de telesalud que te permiten consultar de forma remota con profesionales sanitarios cualificados sobre tus preocupaciones relacionadas con el sueño. Tanto si sufres de insomnio, necesitas consejos para gestionar los cambios en el sueño durante la menopausia o quieres orientación sobre los patrones de sueño de tu hijo, puedes acceder a asistencia médica desde la comodidad de tu hogar. Inicia sesión en la aplicación MyHealth o en el portal. Introduce tu ubicación y te buscaremos un proveedor de teleconsulta o un servicio de información médica. 

Muchos de nuestros planes incluyen pruebas de diagnóstico y tratamiento para la apnea del sueño. Para comprobar tu cobertura, inicia sesión en los servicios digitales de MyHealth (aplicación o portal). Una vez hayas iniciado sesión, haz clic en «Mis prestaciones» para ver todas las prestaciones incluidas en tu plan. También puedes consultar tu Guía de prestaciones, disponible en la página de inicio de MyHealth; solo tienes que hacer clic en «Ver póliza» y, a continuación, ir a «Documentos». 

  • Las necesidades de sueño se mantienen relativamente estables durante la edad adulta (7-9 horas), pero los niños y adolescentes necesitan más (9-12 horas para los niños, 8-10 para los adolescentes) 
  • Cada etapa de la vida conlleva retos únicos relacionados con el sueño: cambios en el reloj biológico en los adolescentes, cambios hormonales durante la menopausia y cambios en la arquitectura cerebral en las personas mayores 
  • El ritmo circadiano se retrasa de forma natural durante la adolescencia; los adolescentes no se quedan despiertos hasta tarde solo por portarse mal 
  • Hasta el 60 % de las mujeres experimentan trastornos del sueño durante la menopausia, principalmente debido a cambios hormonales y síntomas vasomotores 
  • Las personas mayores no necesitan dormir menos, pero a menudo experimentan un sueño más ligero y fragmentado debido a cambios biológicos y problemas de salud 
  • La regularidad en los horarios de sueño y vigilia es una de las herramientas más poderosas para dormir bien a cualquier edad 
  • La exposición a la luz es un regulador clave del sueño: la luz brillante por la mañana ayuda, mientras que la luz por la noche (especialmente la luz azul de las pantallas) dificulta el sueño 
  • Muchos problemas de sueño en todas las edades pueden mejorarse con cambios de comportamiento antes de que sea necesario recurrir a la medicación 
  • Los problemas de sueño pueden tanto causar como ser consecuencia de otros problemas de salud; abordarlos es esencial para el bienestar general 
  • La ayuda profesional está disponible y es eficaz: no aceptes el mal sueño como algo inevitable a cualquier edad 

Comprender cómo cambia el sueño a lo largo de la vida es el primer paso hacia un mejor descanso. Si tiene dificultades para dormir a cualquier edad, no tiene por qué afrontarlas solo. La mayoría de los miembros de Allianz tienen acceso a Calm, una plataforma integral de bienestar que ofrece recursos ilimitados de apoyo para el sueño. Calm ofrece historias para dormir narradas con voces relajantes, sesiones de meditación guiada diseñadas específicamente para dormir mejor y ejercicios de relajación creados por expertos en sueño. Solo tiene que iniciar sesión en MyHealth, hacer clic en «Asistente de salud/Centro de bienestar» y, a continuación, en «Mente». 

Si no es miembro y desea obtener más información sobre nuestras soluciones, nuestro equipo de ventas está a su disposición para ayudarle. 

Aviso médico 

La información proporcionada en este artículo tiene fines exclusivamente educativos e informativos y no pretende sustituir el asesoramiento, el diagnóstico o el tratamiento médico profesional. Los problemas de sueño pueden ser síntomas de afecciones médicas subyacentes que requieren evaluación y atención profesionales. 

Consulte siempre a su médico u otro profesional sanitario cualificado si tiene alguna pregunta sobre dificultades para dormir o cualquier afección médica. Nunca ignore el consejo médico profesional ni retrase su búsqueda por la información que haya leído en este artículo.