Hablar con los niños sobre la elección de alimentos
Tabla de contenido
La forma en que hables con tu hijo sobre la alimentación puede marcar sus hábitos alimenticios para toda la vida. La relación con la comida se desarrolla desde una edad temprana, por lo que, si lo haces bien desde el principio, tu hijo tendrá menos riesgo de desarrollar comportamientos negativos hacia la comida. Sin embargo, puede resultar difícil saber por dónde empezar a la hora de hablar con tu hijo sobre opciones alimentarias saludables. Hemos recopilado ocho estrategias que puedes utilizar para ayudar a tu hijo a desarrollar hábitos alimenticios saludables desde una edad temprana y hacer que las comidas sean un momento feliz y sin conflictos en la vida familiar.
Las ocho mejores estrategias para hablar con su hijo sobre la elección de alimentos
1. Evita etiquetar los alimentos como «saludables» o «poco saludables», «buenos» o «malos»
Como padres, solemos decir que ciertos alimentos, como las manzanas y el brócoli, son «buenos para la salud», y que otros, como los dulces y los postres, son «malos para la salud». Según las investigaciones, etiquetar los alimentos de esta manera puede ser perjudicial para los niños y provocarles sentimientos de culpa o vergüenza por disfrutar de los alimentos «malos», lo que podría dar lugar a hábitos alimenticios poco saludables en el futuro.
Explícale a tu hijo que todos los alimentos tienen su lugar en una dieta saludable y que no hay alimentos «malos» ni «buenos». En su lugar, háblale de cómo la comida puede aportar energía al cuerpo; por ejemplo, dile a tu hijo que «las zanahorias ayudan a que tus ojos vean mejor» y que «las proteínas ayudan a que tus músculos se fortalezcan para que puedas jugar mejor al fútbol». Al replantear la comida de esta manera, puedes transmitir mensajes positivos sobre la alimentación que ayuden a tu hijo a desarrollar hábitos alimenticios saludables.
A los dietistas y otros profesionales de la salud les gusta utilizar las expresiones «alimentos de todos los días» y «alimentos de vez en cuando» para describir la comida a los niños sin emitir juicios de valor. Los alimentos de todos los días son aquellos que su hijo necesita a diario para mantenerse sano, como las carnes magras y las legumbres, los cereales integrales, los lácteos, y las frutas y verduras. Los alimentos ocasionales son aquellos que su hijo no necesita todos los días, como las patatas fritas, las bebidas azucaradas, los pasteles, el chocolate o los helados.
2. Enseña a tu hijo los diferentes grupos de alimentos
Enséñale a tu hijo los cinco grupos de alimentos, que son las frutas, las verduras, los cereales, las proteínas y los lácteos, y su función a la hora de aportar los nutrientes esenciales para el crecimiento y el desarrollo. Intenta incluir los cinco en cada comida, lo que le transmitirá a tu hijo el mensaje claro de que cada alimento es importante y esencial.
3. Hable de salud, no de peso
Los niños de hoy en día están expuestos a un flujo constante de imágenes y mensajes sobre la apariencia física y los ideales corporales. Algunos estudios han demostrado que los niños de tan solo 3 años pueden desarrollar ansiedades relacionadas con la imagen corporal. Cuando hable con su hijo sobre la comida, asegúrese de enseñarle la importancia de la nutrición sin centrarse en el peso. Céntrese siempre en lo que la comida ayuda al cuerpo a hacer, en lugar de en cómo afecta a la apariencia o al peso.
Evita hacer comentarios sobre el peso o la figura de tu hijo. Relacionar con frecuencia la idea de la comida con la de el aumento de peso solo hará que sea más probable que tu hijo se obsesione con el peso. Los estudios han demostrado que, en las familias en las que los padres hablan de «peso», los niños tienen hábitos alimenticios más desordenados, menor autoestima, mayor insatisfacción con su cuerpo y son más propensos a sufrir depresión.
4. No utilices la comida como recompensa
Utilizar ciertos alimentos como recompensa puede fomentar hábitos alimenticios poco saludables en los niños. Cuando se utilizan ciertos alimentos como recompensa, los niños empiezan a asociar ese alimento con sentimientos positivos de éxito y disfrutan más al comerlo. Utilizar la comida como recompensa anima a los niños a comer cuando no tienen hambre para recompensarse a sí mismos. Dado que la comida utilizada como recompensa suele ser un capricho, los niños a los que se les dan recompensas alimentarias tienden a comer más caprichos cuando son mayores.
Algunos estudios han encontrado una relación entre el uso habitual de recompensas alimentarias y los comportamientos de sobrealimentación emocional que comienzan en niños de tan solo 5 años. En lugar de convertir el postre en un capricho que hay que ganarse, intenta ofrecerlo con la comida. Las recompensas no alimentarias —como tiempo extra para jugar, actividades familiares o elogios verbales— son alternativas más saludables para recompensar el buen comportamiento.
5. Evita prohibir por completo ciertos alimentos
Prohibir por completo ciertos alimentos a menudo puede resultar contraproducente para los padres. Cuando prohíbes un alimento, corres el riesgo de que tu hijo se interese más por él —lo que se conoce como el efecto de la «fruta prohibida»— y, entonces, es probable que se dé un atracón cada vez que tenga la oportunidad.
En lugar de prohibir alimentos por completo, la clave está en enseñar a tu hijo a ser moderado y a controlar las raciones. Al permitir el acceso a todos los alimentos, ayudas a tu hijo a desarrollar una actitud saludable hacia la alimentación.
6. Ofrece una variedad de alimentos de los 5 grupos alimenticios
Poner una variedad de alimentos en la mesa y dejar que los niños elijan por sí mismos les da una sensación de independencia, al tiempo que les permite descubrir lo que les gusta. Si a tu hijo no le gusta un alimento al principio, no te rindas. Simplemente retíralo y vuelve a ofrecérselo en otra ocasión.
Según los estudios, pueden ser necesarias entre 12 y 17 ocasiones para que los niños se interesen por probar un alimento. Introducir alimentos diferentes y utilizar recetas variadas puede ayudar a que resulte interesante para los niños y garantizará que cubran todas sus necesidades nutricionales.
7. Involucra a los niños en la preparación y la cocina
Deja que tu hijo te ayude a planificar las comidas, a hacer la compra e incluso a preparar los platos. Esto le da a tu hijo una sensación de control. También puedes enseñarle a leer las etiquetas de los alimentos cuando estéis en el supermercado. Los niños son mucho más propensos a comer alimentos saludables si los eligen y los preparan ellos mismos.
8. Deja que los niños coman cuando tengan hambre y dejen de comer cuando estén llenos
Los niños nacen con un proceso biológico innato que les permite saber cuándo están llenos. Intenta animar a tu hijo a que deje de comer cuando se sienta lleno, en lugar de pedirle que «se acabe todo lo del plato» en cada comida. Cuando los niños responden a la sensación de saciedad, son menos propensos a comer en exceso y aprenden hábitos alimenticios saludables.
Si los padres presionan a los niños para que coman cuando no tienen hambre, podrían enseñarles a comer en exceso, según la Clínica Mayo. Es habitual que los niños rechacen la comida, y nunca debes obligarlos a comer ni a acabarse el plato. Esto permite que los niños reconozcan sus propias señales de hambre y saciedad, lo que les ayuda a desarrollar una relación saludable con la comida.
Preguntas frecuentes
Utilizar el postre como recompensa puede socavar los hábitos alimenticios saludables que estás intentando enseñar a tu hijo, ya que, sin quererlo, puede hacer que ciertos alimentos parezcan más deseables que otros. Esta práctica suele llevar a los niños a comer en exceso alimentos con alto contenido en azúcar, grasas y calorías vacías, e interfiere en su capacidad natural para regular su alimentación.
Los estudios han revelado que utilizar el postre o los dulces como recompensa podría, sin quererlo, enseñar al niño a recurrir a la comida para gestionar sus emociones. Las investigaciones también han demostrado que los sistemas de recompensa alimentaria pueden provocar, con el tiempo, tanta ansiedad y culpa en torno a la comida que los niños pueden llegar a desarrollar conductas alimentarias desordenadas o trastornos alimentarios. En su lugar, intenta servir el postre de forma ocasional, en lugar de utilizarlo como recompensa por un buen comportamiento. Utiliza actividades, una visita al parque, tiempo extra frente a la pantalla o momentos a solas para elogiar el buen comportamiento en lugar de recurrir a la comida.
Enséñale a tu hijo la importancia de una dieta equilibrada y explícale los efectos negativos de comer demasiada comida basura. Ayúdale a comprender el valor nutricional de los alimentos integrales y las consecuencias de consumir muchos alimentos procesados. Sin embargo, en lugar de prohibirle por completo la comida basura, ofrécela como un capricho ocasional en lugar de como una opción habitual en las comidas. Establece normas claras sobre la frecuencia con la que tu hijo puede tomarla, por ejemplo, una vez a la semana o solo en ocasiones especiales.
Muchos niños pasan por etapas en las que son quisquillosos con la comida; es muy habitual en los niños pequeños, pero puede ocurrir en cualquier momento. A menudo es la forma que tiene el niño de manifestar su independencia y forma parte del proceso normal de crecimiento. Sin embargo, para la mayoría de los niños, esta etapa pasará sin causar ningún daño a su salud.
Si tu hijo es quisquilloso con la comida, sigue ofreciéndole nuevos alimentos una y otra vez. Muchos niños se muestran naturalmente recelosos ante las novedades, y puede que sean necesarios muchos intentos antes de que a tu hijo le empiece a gustar el sabor. Si tu hijo rechaza un alimento nuevo, no le obligues a comerlo. Simplemente retíralo sin hacer un drama. Introduce otros alimentos poco a poco y sigue volviendo a los que a tu hijo no le gustaban antes.
Dale raciones pequeñas y elogia a tu hijo por comer, aunque solo sea un poco. Si la selectividad alimentaria se vuelve extrema —por ejemplo, si evita grupos enteros de alimentos, le provoca pérdida de peso, problemas nutricionales o ansiedad grave en torno a la comida—, puede ser útil hablar con un pediatra o un dietista para obtener orientación y apoyo adicionales.
A muchos padres les preocupa hablar con su hijo sobre el peso, ya que temen que pueda desarrollar una relación poco saludable con la comida. Los expertos recomiendan que los padres no saquen a colación el tema del peso corporal con los niños a menos que sean ellos mismos quienes lo planteen.
Al hablar del peso, es importante que te centres en la salud. No es necesario que utilices la palabra «peso». En su lugar, habla de hábitos y estilos de vida saludables; por ejemplo, «comer alimentos de colores y jugar al aire libre ayuda a que nuestro cuerpo se sienta fuerte y con energía», en lugar de «tenemos que vigilar tu peso».
Si un niño está desarrollando una relación poco saludable con la comida, puede mostrar uno o varios de los siguientes signos de alerta:
- Ansiedad a la hora de comer
- Comer a escondidas
- Comer muy poco
- Obsesión por las calorías o el pesoEvitar las comidas en grupo
- Comentarios negativos frecuentes sobre el propio cuerpo
Si te preocupa que tu hijo pueda estar desarrollando una relación poco saludable con la comida, consulta a un pediatra o a un dietista para obtener apoyo y asesoramiento adicionales.
Puntos clave
1. No hay alimentos «malos» ni «buenos»
2. Enseñe a su hijo los diferentes grupos de alimentos
3. Hable de salud, no de peso
4. No utilices la comida como recompensa por un buen comportamiento
5. Evita prohibir por completo ciertos alimentos
6. Ofrece a tu hijo una amplia variedad de alimentos saludables sin presionarle
7. Involucre a su hijo en la planificación y preparación de las comidas
8. Deja que tu hijo decida cuándo está lleno
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